martes, 14 de abril de 2009

Opinión / Sobre las TIC en la educacion
Por: Victor Bolaño, Yenier Guerrero, Luis Toro
Hemos avanzado mucho en la generación y consolidación de proyectos sobre RENATA. No obstante, aún es mucho el trabajo que queda por hacer. El rector de la Escuela Colombiana de Ingeniería indicaba que era necesario "sacar a RENATA a la luz", pues estaba "arrinconada" en las instituciones. Y eso lleva a pensar, inevitablemente, en cuál es la responsabilidad que le cabe a cada uno de los actores de todo este proceso.
Por Diego Leal, Coordinador del Proyecto Nacional de Uso de Medios y TIC en Educación Superior, Ministerio de Educación Nacional de Colombia
¿Por qué responsabilidad? Es frecuente escuchar comentarios que señalan la responsabilidad que tiene el Estado en el apoyo a las comunidades de investigación (en términos de fomento, divulgación y formación), así como en la disposición de recursos económicos. Fue algo que pude ver en la mesa de trabajo que estuve coordinando. Pero lo que llamó mi atención es la manera en la cual se expresa esto, y cómo termina dejando ideas interesantes en un nivel francamente abstracto.
Por ejemplo, una acción para integrar a las comunidades académicas en el panorama global podría ser "Fomentar la formación de investigadores". Pero, ¿quién hace eso? ¿A quién le corresponde? Es más, ¿cuál es el grado de responsabilidad que yo como individuo tengo en esa formación? Mi impresión (puedo estar equivocado) es que en parte aquí puede estarse reflejando una actitud bastante tradicional frente a la formación. La frase termina comprendiéndose como "Alguien (el Estado?) tiene la obligación de formarme (mediante programas formales, talleres, etc.) y de darme recursos para que yo pueda participar en proyectos de investigación".
Lo cual lleva a otra reflexión sobre la misma RENATA, y sobre lo que significa hacer investigación. No podríamos discutir que las cifras de inversión estatal en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) son muy bajas en comparación con las de otros países de la región. Pero, ¿es sólo un problema de recursos?
El año anterior en la reunión de WINDS-Latinoamérica en la que estuve, recuerdo haber escuchado a un investigador español quien decía, de manera muy descarnada, que esto de la investigación de alto nivel no era para todo el mundo. Que había muy pocas personas con las condiciones necesarias para desarrollarla en Latinoamérica. Así que en una reunión como la de WINDS, se esperaba una baja asistencia de público, pues quienes pueden acceder a estas oportunidades son pocos. Recuerdo que en ese momento me molestó un poco, pues tenía la impresión de que la investigación debía ser más democrática.
Pero luego empecé a entender a qué se refería ese comentario. En alguna reunión de RENATA, más adelante, escuché algo más que me dejó pensando. Frente a la necesidad de contar con una base de datos para ayudarle a los investigadores a encontrar pares con quienes asociarse para desarrollar investigación, uno de los asistentes señalaba que, cualquier investigador que pretenda llamarse de esa manera, no sólo está ampliamente enterado de los desarrollos que ocurren en su área, sino que construye de manera permanente una red de contactos y de pares con los cuales no sólo intercambia información, sino que discute sobre los problemas fundamentales de su campo.
Si consideramos lo anterior como razonable, ¿cuántos de nosotros podríamos llamarnos en realidad "investigadores"? ¿A cuántos nos cabe en realidad ese título? ¿No será que, por momentos, caemos en la curiosa idea de pensar, tal como lo hacen algunos de nuestros estudiantes, que tan sólo buscar información en la red sobre un tema de interés es "investigar"? Desde esa perspectiva, ¿con cuántos investigadores contamos en nuestras instituciones?
Sin atreverme a sugerir siquiera una cifra (porque la respuesta bien podría ser 'todos cumplen estas características'), quiero señalar que, si bien le cabe al Estado una responsabilidad de facilitar que la información llegue a nuestras comunidades (mediante eventos como el de la semana pasada), es claro que la responsabilidad de mantenernos actualizados sobre lo que ocurre en nuestros campos específicos (por ejemplo, cómo se están usando los grids alrededor del planeta) es individual. Y es llamativo ver cuán poco solemos explotar estas posibilidades de información. Se hace evidente cuando se observa que, para una buena parte de los asistentes, las ideas sobre Web 2.0 aún son novedosas

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